Antonio Rodríguez Ruiz: «El hilo y la aguja es un idioma que hay que aprender a hablarlo»

Mantener tradiciones ancestrales es sin duda un reto cada vez más cuesta arriba aunque hay quienes no cesan en su empeño. Este es el caso del tinerfeño Antonio Rodriguez Ruiz, quien nos cuenta que desde los cinco años viene afinando cada vez más sus aptitudes en la roseta y el calado, dos de las técnicas artesanales más conocidas en las Islas Canarias. Y en su caso el reto es doble, pues estas artes canarias siempre han estado ligadas a las manos de las mujeres. Como él mismo recuerda «en una ocasión estaba sentado en un stand de una feria de artesanía y se me acercó una señora para preguntarme por «la señora que hacía los trabajos». Y mi respuesta fue: «está usted hablando con ella»».

El arte de la roseta recuerda a las tan de moda mándalas que se utilizan cómo técnica de relajación, aunque su origen se remonta al antiguo Egipto, Grecia y Mesopotamia, primero para decorar estelas y luego en la arquitectura. La tradición canaria lo tornó en el difícil arte de formar dibujos con hilos que se van cruzando entre alfileres puestos en un pequeño soporte circular de trapo. Por su parte el calado -tal y como lo conocemos- tuvo su origen en la frontera entre Portugal, Andalucía y Extremadura. Un arte que inspiró luego a los talladores de madera de las antiguas casonas canarias y ahora se utiliza como técnica artesanal que requiere de gran habilidad para deshilar una tela sujeta a un bastidor de madera y convertirla en diferentes piezas de trajes tradicionales.

«Fue mi abuela materna la que despertó mis inquietudes de aprendizaje con el calado, junto con mi abuela paterna, que procedía de Arona, quien me enseñó la roseta», nos dice Antonio, aunque lamenta que él fue el único en aprender la tradición de las rosetas por la rama paterna. «Es algo que siempre me ha gustado hacer, y me considero muy afortunado porque me dedico a algo que realmente me gusta; y, a su vez, es un honor poder divulgar esta tradición del arte del calado y la roseta».
Antonio otorga el mismo peso a la vocación y a la técnica para realizar su trabajo pues se necesita «mucha dedicación e implica mucho tiempo de aprendizaje. Si es algo que no te guste, difícilmente podrás llevarlo a cabo. Hay técnicas que se deben de aprender para poder realizarlo, y lo demás, producto de la imaginación de cada uno». Y razón no le falta ya que es una labor muy delicada y minuciosa que no perdona errores. A lo que sí otorga gran valor es a la constancia. «No es algo que termines de olvidar, pero siempre sigues aprendiendo». añade.

Su musa viene de muchos frentes pues su arte es un modo de vida. «El día a día te abre muchas ventanas para realizar tu labor como artesano. Es además motivador e inevitable conocer a muchas personas con las que compartir una misma vocación y de las que aprender», y nos recuerda que su estilo particular «es algo que se ha ido desarrollando con el paso de los años. La experiencia, el estado de ánimo, la edad… son factores que inevitablemente te van marcando en el tiempo e influyen en el trabajo».

Su primer pique

Antonio está convencido de que sus diseños tienen unas bases que sirven de primer impulso para «trabajar a la libre imaginación de cada uno. A la hora de escoger los patrones, influyen muchos factores. Te puedes inspirar fijándote en trabajos de otros compañeros, o desde mirar por ejemplo, el artesanado de una puerta y sacar tus propios diseños. La imaginación es un factor muy importante», nos dice recordándonos a la inspiración de los antiguos talladores de madera de las casonas canarias.
Este artista y artesano intenta mantenerse fiel a la tradición en cuanto al uso de los materiales. «En el calado, sigo usando la tela de hilo (o lino), y el hilo de algodón. En la roseta, el hilo de algodón», aunque reconoce que ha incorporado nuevos materiales, como sedas, hilo de bambú, hilos metalizados, cuero, y cuerdas. «Los materiales han variado mucho con respecto a los de antaño, pero no siempre a mejor. Es muy difícil conseguir telas e hilos de calidad. Y los pocos que se consiguen son de costo elevado» se lamenta.

Calado

A pesar de ser una tradición que pudiera estar «en peligro» por los mercados foráneos que ofrecen productos de bajo coste y baja calidad, añadido a la poca información que recibe la gente joven, se mantiene optimista por el apoyo «del Cabildo de Tenerife, con el señor Efraín Medina a la cabeza, por la labor que está haciendo en el rescate y conservación de nuestras tradiciones, en especial por la roseta, que prácticamente había desaparecido». También se muestra agradecido por un reciente proyecto «con la Concejalía de Patronato Histórico de Arona, que pretende el rescate y la recuperación de la industria que fue la roseta, incorporándolas al sector público y en talleres para colegios de primaria, lo cual ha sido una experiencia bastante gratificante».

Rosetas y piques

Finalmente Antonio asegura que no cejará en su empeño de seguir dedicándose a estos dos sectores de la artesanía canaria y se siente orgulloso del impacto que tiene sobre la gente «por el simple hecho de ser un hombre quien se dedique a estas labores que hasta hace relativamente pocos años eran exclusivamente de mujeres. Pero con excelente aceptación. La gente es muy agradecida».
Puedes serguir su trabajo en @roseterotenerife